Mariana Aylwin: La NM así como está tiene pocas opciones de sobrevivir.

Mariana Aylwin: La NM así como está tiene pocas opciones de sobrevivir.

He sostenido que la Nueva Mayoría, tal como está hoy, tiene pocas posibilidades de sobrevivir. Una coalición que sustenta a un gobierno que tiene entre un 65 y un 70% de rechazo, y que en dos años perdió el enorme apoyo con que partió, es probable que termine entregando el poder a la derecha, a no ser que enmiende el rumbo. Es una cuestión de realismo mínimo.

He sostenido también que la Democracia Cristiana tiene que ejercer su identidad dentro de la coalición. Es evidente que, pese a la representación mayor de nuestro partido en el Parlamento, pesan más las posiciones de la izquierda más rupturista. Es la DC la llamada a recuperar, para una coalición de centroizquierda, el electorado que se ha perdido por la falta de equilibrio en su interior. De lo contrario, ese vacío lo llenarán nuevos movimientos, como Ciudadanos o Amplitud. La gente sí quiere reformas, por eso este Gobierno ganó con un gran respaldo, pero es evidente que no está conforme con la forma en que se han llevado a cabo. Los chilenos no quieren arriesgar lo que han logrado con tanto esfuerzo. Ayer un taxista me decía: “Señora, converso con mucha gente, y sólo queremos sensatez. Si no hay plata, ¿se pueden seguir haciendo tantas reformas? Si Chile no crece, ¿qué vamos a repartir?”.

¿Es tan irracional lo que estoy diciendo?

En tiempos en que aumenta la confrontación, la respuesta a mis opiniones, de quienes suelen sentirse dueños de la verdad y la tolerancia, era predecible. Desde el “no representa a nadie” hasta el “defiende sus intereses, está perdiendo su lucrativo negocio” (he repetido mil veces que no soy ni he sido dueña de colegios, pero majaderamente repiten la mentira), pasando por calificativos como derechista, neoliberal, golpista o defensora de la vieja Concertación.

En tiempos en que aumenta la confrontación, la respuesta a mis opiniones, de quienes suelen sentirse dueños de la verdad y la tolerancia, era predecible. Desde el “no representa a nadie” hasta el “defiende sus intereses, está perdiendo su lucrativo negocio” (he repetido mil veces que no soy ni he sido dueña de colegios, pero majaderamente repiten la mentira), pasando por calificativos como derechista, neoliberal, golpista o defensora de la vieja Concertación.

Nací en una familia de políticos. De mi padre aprendí que hay que tener fuerza para plantear las convicciones y no acomplejarse frente al primer ataque. Los políticos que ejercen el liderazgo como él lo hizo no siempre son aplaudidos. Pero fueron de frente, planteando incluso aquello que no necesariamente es popular, pero sí necesario para el bien común. Él se jugó siempre por un país democrático y más justo, y lo hizo con las armas de la argumentación, la razón y las convicciones. Es un ejemplo para mí.

Fuente: Diario La Segunda, edición impresa 01 – 03 – 2016 – 

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