Enorme error de diagnóstico sobre los cambios del país

Enorme error de diagnóstico sobre los cambios del país

Quiero hablar desde una visión que mira más allá de la coyuntura. Vivimos tiempos duros para la empresa y la política.

Chile vive las consecuencias de un enorme error de diagnóstico sobre los  cambios del país, que provocó en sus elites incapacidad para anticipar el futuro (hoy presente), provocando el naufragio de todos sus componentes:

– Nos enorgullecimos de las cifras de prosperidad, pero no se  comprendió el impacto de ella en el cambio social y cultural del país.

– Hecho político-social central es que Chile dejó de ser un país de muchos pobres y de unos pocos ricos. Un 30% de la población salió de la pobreza. A partir de eso ellos y muchos más pasaron a ser o quisieron sentirse “clase media”.

– Este fenómeno, paradójicamente, hizo visible la desigualdad como gran tema de mayorías: ella no es visible desde la pobreza. Pero sí con millones accediendo a la sociedad de consumo, a las universidades (nos ufanamos que más de un 60% de los estudiantes eran primera generación, pero no anticipamos la mayor sabiduría, información y acceso a transparencia que habría en cada hogar), a una antes desconocida seguridad en el trabajo y sustento familiar, y a las redes sociales que democratizan la comunicación y quitan influencia de opinión a los medios tradicionales.

– Su inveterada incomodidad con la bandera de la desigualdad descolocó a la derecha, que aun no sabe como hacer sintonía y reaccionar con los nuevos paradigmas ciudadanos

– La izquierda siempre sensible al tema, percibió la desigualdad y la entendió erróneamente como viraje ciudadano hacia su discurso de siempre. Tampoco entendió el fenómeno y así, todas sus respuestas fueron prontamente rechazadas.

– El año 2011 fue el año donde se materializa su error (no donde nace). Las movilizaciones no se entendieron. Lo peor fue con el movimiento  “estudiantil”. Los estudiantes fueron solo punta de lanza de un movimiento clasista y familiar de las clases medias emergentes ahogadas por los costos de su principal sueño: hijos en la universidad como motor de movilidad. Se creyó ver en él una demanda de “cambio de modelo” y era de ensanchar los espacios en el modelo dentro del cual habían emergido. Cuando en el error, el movimiento estudiantil se radicalizó y el gobierno recién asumido atacó a la educación particular subvencionada donde estudiaba la inmensa mayoría de los hijos-motores de esa clase media, el movimiento se bifurcó. Los estudiantes perdieran convocatoria y las familias nutrieron el rechazo a la reforma educacional. No es que no quisieran reforma educacional. La querían y la quieren. Solo que la impuesta desde la política atentaba contra los sueños que alimentaban su ánimo reformista. Luego los errores se han sucedido.

  • Déjenme hablar algo sobre los factores ideológicos del error de diagnóstico.
  • La derecha no tenía en su bagaje de ideas como responder a una demanda de más igualdad. Siempre consideró que la demanda de igualdad tenía un tufo izquierdista y además que las llamadas “demandas valóricas” eran pecaminosas. Así se incomunicó con una sociedad en cambio. Pero la reacción de ésta no era contra la actividad privada en sí, sino contra prácticas abusivas. De hecho las encuestas muestran que la opinión sobre la empresa es mucho mejor que aquella sobre la política. Tampoco ha bajado la pasión por emprender, al revés, también ha alimentado el rechazo a la hostilidad de la coalición gubernamental contra la empresa.

– La izquierda creyó ver una radicalización ideológica en esto. Su “wishfull thinking” fue que al fin el pueblo comprendía las razones de su ideología ancestral. En base a eso cometió un error garrafal. Repudió lo que ella misma había hecho en los 20 años anteriores y también la relación entre buena gestión pública y política, bajo la consigna de que la política debía someter a la tecnocracia, que en la práctica significó descuidar la buena gestión pública. La renegación del pasado alimentó una oposición interna en la NM y un desconcierto en la sociedad, más importante ante el vacío de derecha. Y también, las chapucerías de las reformas tributaria y educacional, y la baja ejecución presupuestaria (A fines de Septiembre, 30% el educación y 26,6% en salud) han sido muestras palpables del destierro de la tecno burocracia construida por años. Lo impresionante es que parte de esas fallas no fue por intención de hacerlo, sino por incapacidad de entender las consecuencias de su actuar (Tributaria y carta al PS).

– A partir de Caval y SQM, la política queda hundida en un pantano ético donde la gente confunde, ya sin vuelta, financiamiento irregular con robo, aunque creo que muy pocos se han enriquecido con la política. Esto no termina. Un día es Dávalos, otro es Longueira, Moreira, Bombal, Golborne, Rossi, Orpis, Isassi, Tuma, Girardi, Ominami, MEO, Peñailillo y el entorno duro de la Presidenta. Y no sabemos como y cuando terminará, por una razón muy simple: toda la política se financiaba así….y los empresarios eran cómplices de ello.

– La empresa tampoco acertó o anticipó lo que venía. Es foco inevitable de sospechas y no solo en Chile. Especialmente aquellas de clientela masiva (retail, servicios como telecoms, ahora papel, etc) respecto a sus precios y cobros, a la calidad de sus productos, a la codicia inescrupulosa que se atribuye a sus dueños y directivos. Sin una cultura para lo que le demanda el mundo de hoy, la empresa esta en problemas: no entendió que habían cosas que se habían hecho visibles y ya no podían continuar haciéndose igual y con iguales conceptos de empresa. La Polar, los primeros casos de colusión y el financiamiento de la política, han sido momentos donde la población ha confirmado que sus sospechas sobre la empresa tenían fundamento.

– El problema de la empresa es algo más que “portarse mejor”. Creo que sus líderes están desconcertados, entre otras cosas, porque su manera de concebir la empresa murió arrollado por las colusiones y abusos, pero sobretodo por el cambio de la visión sobre la empresa.

– El empresariado, como todos, esta marcado por su historia, distinta a otros empresariados. La experiencia de la UP, de la dictadura y de una particular forma de entender la economía de mercado, son ingredientes muy marcadores de su cultura. Pues bien, eso ahora dejó de ser adecuado para construir empresa.

– Hay un paradigma cultural de la empresa chilena que entró en crisis: el que le proveyó la cultura “friedmaniana”. Esta reanimó el sentido moral o rol social de la actividad privada vapuleada por la UP, incluso en crítica hacia concepciones empresariales anteriores. Esa visión  fue sustento del sentido y misión de la actividad en los empresarios y en la sociedad. Explícito a ese sentido común ha sido la moral de maximización de utilidades como criterio fundamental de legitimidad. De ella derivó de manera cada vez más acentuada la lógica de exitismo y enriquecimiento rápido, con ausencia si no desprecio por los “cartuchismos” éticos. Mientras más libre y desregulada la competencia, mejor. Las dictadura exacerbó esto. Su lógica económica contribuyó a hacer dominante esa visión. Se hizo religión oficial. Esto fue potenciado por los procesos de privatización que favorecieron a empresarios cercanos al gobierno militar, cuando no a funcionarios suyos transformados con su ayuda en nueva fuerza empresarial. Lo digo con ánimo analítico, no acusatorio.

– El temor y recelo empresariales al retorno de una democracia gobernada por los desplazados del 73 fue evidente. Y no sin razón, por la reforma agraria desde Frei y toda la política UP. La política mercadista de la Concertación fue una sorpresa grata, pero cultural y políticamente seguían siendo pinochetistas o al menos afín a las fuerzas políticas reconvertidas que respaldaron a Pinochet, en especial la UDI. Pinochet se hizo indefendible, pero la visión de la dictadura como “buenos tiempos”, aun es extendida, en contradicción con la mayoría abrumadora del país.

– El acerbo friedmaniano sigue considerando herejía cualquier limitación al libre mercado y está a mi juicio en una cierta amoralidad cultural que en el último tiempo ha quedado manifiesta. Cuando todo cambió y se hicieron evidentes desigualdades, abusos y depredaciones, la empresa no tuvo en su cultura los elementos que la ayudaran a prever y anticipar  los cambios de la sociedad. Culturalmente todo era fruto de los avances aportados por el “modelo”. Vivió “el síndrome de Ícaro”, que se entusiasmó con los avances permanentes en su vuelo hacia el sol – ¡para qué cambiar si somos exitosos! – hasta que sus alas de cera se derritieron precisamente porque su trayectoria era exitosa.

– Así las cosas, lo que inicialmente dio todo su sentido ético y social a la actividad empresarial fue perdiendo validez en el juicio ciudadano. Parte de él cayó con la dictadura, pero el ajuste fácil a una democracia que consideraba indispensable su aporte y no deseaba conflictos con ellos, facilitó su adaptación. Sin embargo, poco a poco, la empresa fue llenándose de sin sentidos a ojos ciudadanos y la lógica friedmaniana carecía de esa “ética protestante” de comienzos del capitalismo (Weber). La ética era de responsabilidad personal, no era parte del  curriculum universitario de futuros ejecutivos y  emprendimiento. Hoy, el programa “friedmaniano” está agotado y ha dejado de proveer el sentido que empresarios y empresas necesitan para vivir como seres legitimados por su sociedad. Más aun, las concepciones y cultura que sustenta el empresariado han entrado en contradicción con las exigencias de sentido que los interpelan diariamente. Es un desafío al emprendimiento construir un nuevo paradigma del ser empresario, acorde con lo que la vida les está exigiendo.

– Por favor, no estoy planteando con esto que renuncien a la maximización de utilidades, sino que para lograrlo hoy hay que hacer algo radicalmente distinto que antes. Basta observar la enorme y abrupta pérdida de valor de CMPC, para entender que crear valor tiene hoy requisitos distintos.

– No basta con hacer las cosas mejor. Debe cambiar culturalmente. Por citar algunas obviedades insuficientes como respuesta global: la economía chilena de mercado pequeño, de alta concentración, es propensa a prácticas monopólicas y de cartelización, exigiendo mayores regulación que en otras partes para hacer perfecto el mercado; nueva formación ética de empresarios y ejecutivos desde la educación primaria y particularmente en la universidad; oficialización de normas y advertencias severas en cada empresa; politización de su quehacer en sentido de atender demandas de la “polis” que van más allá de la demanda por el producto o servicio que provee.

– Aunque intentamos soslayarlo y para calmar las cosas algunos señalan que “no es para tanto”, creo que estamos viviendo una crisis de liderazgos y un cambio del sentido de vida en nuestra sociedad. Es un espejismo endosarlo solo a la Presidenta. Lo que era consenso ha dejado de serlo y lo avanzado ya no es visto como avance colectivo, en todos los sectores sociales. Pocos desconocen un avance evidente, pero no como obra de un “modelo” o un esfuerzo colectivo. Extendidamente es visto como fruto de esfuerzos personales que nada deben a una construcción de nación, a la política o a la economía. Menos, que los empresarios han sido clave en ello. Lo que era una autoestima habitual de elites con su prosperidad, se transformó en autoestima individualista para una enorme mayoría de la sociedad. Podríamos decir que la pertenencia a un colectivo nacional, que el sentido de ser nación como proyecto compartido, se ha deteriorado.

– A esto contribuye también la imagen de inmoralidad depredadora de las elites, incluida la eclesiástica y el deterioro de la moral colectiva. En Chile ha aumentado la  tolerancia a los gérmenes de corrupción y esta  no es sino un grado mayor dentro de un continuo que parte en la moral de la cotidianeidad. Desde hace tiempo gozan de cierta legitimidad social la ratería, el robo hormiga, comprar sin boleta, el abuso pillín en las relaciones comerciales, el desvío de recursos en empresas y reparticiones públicas, el “machetazo”, el micro tráfico, la licitación o acreditación universitaria arregladas. Ese es caldo de cultivo para corrupciones mayores. Quizás Uds. también habrá sabido de conductas o frases como: ¡Una economía libre me autoriza a hacer todo lo que no está prohibido por ley, así que démosle! ¡Coludámonos, aplastemos a la competencia, obliguemos a los proveedores que nos hagan marcas propias! ¡Los ricos roban, robemos productos en los supermercado, licencias médicas al sistema de salud, servicios eléctricos o de TV cable! ¡Transantiago fue un robo, no paguemos la micro! Chis, esa manga de corruptos y mediocres usaron y abusaron del estado, ¿por qué no podemos hacerlo algo  nosotros si es por la causa? ¡Me cagué a Fulano! ¡Yo robo porque soy pobre! La imaginación puede ser muy fértil cuando se trata de justificar y vestir como legítimas las inmoralidades, aun a sabiendas que lo son.

– La impunidad también siembra corrupción. La puerta giratoria de las cárceles, la impunidad en los destrozos de encapuchados, los fallos de los casos por bombas, las libertades vigiladas de los delitos de cuello y corbata, los “territorios liberados” de control narco en  poblaciones, la impunidad de ataques incendiarios y crímenes en La Araucanía; todo eso es parte del comportamiento de una sociedad que no condena ni castiga debidamente los delitos y entre ellos, las distintas formas de corrupción. Y también el “activismo judicial” de jueces que se sienten autorizados para fallar de acuerdo a su personal visión de lo que es justo y no necesariamente de lo que dice la ley.

– En esto no nos sirve la comparación con Argentina, Brasil o México. Es entre lo que somos y lo que debemos ser para recuperar gobernabilidad. Es un problema político, porque la base de todo el edificio moral de una sociedad es que exista una institucionalidad, legislación y justicia parejas para todos, que todos saben deben respetar so pena de ser castigados por la sociedad. Cuando las exigencias son distintas para cada uno (ej: partidos, parlamento y empresa; victimas y victimarios de delitos; mapuches y “huincas”), cuando la justicia se aprecia “injusta” y decide discrecionalmente, cuando toda falta parece impune, la descomposición moral de la sociedad cunde por contagio.

– Para dar una nota esperanzadora, a diferencia de otros países de América Latina, tenemos una moral anti delito económico y tenemos defensas culturales contra el populismo, ausentes por ejemplo en Argentina, Venezuela, Nicaragua y otros. En otros países hay resignación y no rebelión como en el nuestro. El rápido rechazo a las reformas de Bachelet habla de una ciudadanía más alerta y sabia que la de otras latitudes latinoamericanas a sus anhelos. Tenemos una reserva moral mayor, pero debemos alimentarla para no desgastarla.

– Todo esto es previo a la colusión de CMPC y SCA, pero este caso es de particular gravedad. Este es el Caval de los empresarios. Primera vez que se juzga una colusión que dura 10 años y donde sus participantes están confesos. Primera vez que se dan cosas tan truculentas como reuniones semi clandestinas, mensajes codificados, lanzamiento de PCs a canales, etc. Pero para mi lo más grave es que quien a juicio de la población ha estado tras esto, es una figura reconocida como líder y oráculo del mundo empresarial en su conjunto y por tanto lo que él hizo afecta la legitimidad y juicio ético de toda la actividad empresarial. En este cuadro, que luego de su auto denuncia del 27 de Marzo no la haya hecho pública y no se haya retirado a un rol discreto y alejado, agrava las cosas. La reunión CEP del 8 de Octubre, en sus formas y vocerías, es inconcebible en alguien que a esa fecha estaba confeso y sabía que sería procesado. Con su alta presencia pública potencia el daño devastador que de todas maneras su acción tiene sobre el empresariado en su conjunto. En mi opinión, no es un tema personal con él la decisión de Sofofa de suspender a la CMPC. Es un aporte al intento de salvar algo del incendio. Quienes no lo entienden, no son conscientes de la magnitud del problema y no aportan al futuro de la empresa en Chile.

– La encuesta de Fundación Empresarial a 1.143 directores y ejecutivos de empresas me hace renacer esperanzas en la voluntad ética del empresariado y ejecutivos de no solo distanciarse, sino también castigar las prácticas depredadoras de algunas empresas. En tanto la encuesta sobre la Libre Competencia entregada ayer por Cadem, UAI y Horizontal muestra la gravedad de la situación. La empresa y la economía de mercado, el “modelo” como algunos dicen, pueden salir más dañados que la política, aunque esta última aparece más repudiada que la empresa en las encuestas.

– Presumo que en un escenario crecientemente electoral, la NM agitará estos temas que sacan el foco de las reformas rechazadas, le permiten atacar a sus rivales políticos, enfatizar en la reforma constitucional, poner énfasis en temas “valóricos” que enredan a la derecha y salir de la defensiva. El escenario será crecientemente electoral y hasta ahora, la NM se ha mostrado ineficiente en todo, salvo en sus diseños y acciones para escenarios electorales.

– Asimismo, creo que cuando venía mejorando la capacidad de la empresa para modificar en algo las reformas, ahora ha dado una marcha atrás. Cualquier cosa que huela a transacción con las empresas se hará más difícil.

. Este es el escenario hacia delante. No pretendo dar respuesta a “qué hacer”. Supera mis posibilidades. Compartiré  sin embargo algunas premisas que me parecen importantes:

1) Lo primero es ser descarnadamente crítico con nosotros mismos. No tener piedad ni permitirnos complacencia alguna.  Actuar con la implacabilidad con que tratamos errores de otros que nos afectan. No nos consolemos aduciendo la maldad de nuestros detractores, aunque exista. Debemos desentrañar a fondo, absolutamente todo aquello en qué nos equivocamos o nos desactualizamos, para llegar donde estamos. Es desgarrador porque significa un juicio a nosotros mismos, pero si no lo hacemos, es imposible salir del pantano. Y hacerlo con  transversalidad, sin temer las inevitables resistencias. El objetivo es construir espacios de lógica común en toda nuestra sociedad que valoren el rol de la empresa. Chile necesita construir nuevos consensos.

2) El escenario es de “guerra prolongada” no de vuelcos. No creo que este gobierno cambie mucho, ni necesariamente los futuros gobiernos serán mejores. Además, el estado ha perdido capacidad de ejecución, se ha burocratizado y privatizado en beneficio de sus ocupantes. Tampoco la opinión pública cambiará en plazos cortos. Hay que prepararse para un trabajo paciente, sistemático, perseverante contra viento y marea,  cuyos resultados demorarán.

3) La empresa privada, símbolo por antonomasia de la competencia, recorre el camino inverso de la política en su reflexión y su actuar. Las tendencias hacia donde se mueve son el trabajo en equipo, las personas como claves de las diferencias de creación de valor en un mundo de tecnologías que rápidamente se comoditizan, la canalización de la creatividad presente en la organización, el auge del área de Recursos Humanos, el trabajo con sus clientes y proveedores, la preocupación creciente por el entorno y la colaboración con las comunidades donde se localiza o la cultura, el desarrollo de redes globales convencida que aislada no tiene destino, la presión por utilizar tecnologías sofisticadas para saber que quieren sus clientes, ojala uno por uno, y por atenderlos, ojala satisfaciendo las particularidades personales de cada uno.

Hablando en términos familiares a la política, podría decir que las empresas tienen creciente conciencia de lo colectivo y una política social cada vez más activa y sofisticada. En el mundo de hoy, la empresa se politiza. Pero debe dar otro paso. Construir un proyecto de empresa futura que vaya más allá de sus intereses más directos y comience a hacerlo realidad con la enorme fuerza que tiene. Para que le vaya bien en sus propósitos privados, la empresa debe pensar desde los intereses de todos, no solo los suyos propios; tener un proyecto de país.

4) En tanto la política, pierde sentido de lo colectivo y lo social. Vivimos la privatización de su quehacer en beneficio de sus actores de jornada completa. La política desde el triunfo de Piñera en adelante no tiene un proyecto de futuro que trascienda los límites de un gobierno, como lo tuvieron la UP, la dictadura y la Concertación. Así como la empresa se politiza, la política se ha privatizado.

5) Hasta ahora, según encuestas, la política es peor vista que la empresa y eso es un valor que la empresa está obligada a consolidar. Presumo que por reacción casi natural y como manera de legitimarse a si misma, la crítica política a la empresa será cotidiana.

6) La opinión más favorable a la empresa es marcada por las pymes, más cercanas a la población y a las regiones. Más desfavorable es el de las grandes empresas y en especial aquellas de clientela masiva. Esto significa:

-Es vital el rol que jueguen las pymes en defensa de la actividad empresarial. Sus dirigentes no son ahora meros demandantes de subsidios para enfrentar naufragios. Son empresarios, orgullosos de lo logrado, presentes en todas las regiones del país. Saben lo absurdo de separar grandes y chicas, pero aprovecharán esa distinción en su actividad política.

– La gran empresa debe comprender esa realidad y además consolidar la relación con ella, lo que pasa en primer lugar por un trato a ellas que no las descreme con su poder de negociación. Pensando en la defensa de la actividad empresarial en su conjunto esto es vital. Será clave que los gremios asuman e inculquen esta nueva lógica.

7) La empresa seguirá dañada con cada nuevo escándalo y  apostaría que habrá pronto otros, más aun con la delación compensada. Nunca han dejado de existir y no siempre se traducen en desprestigios de la política y la empresa como las que hoy vivimos. (el senado de Cicerón, la corte del faraón o de Luis XV y la codicia entre los siete pecados capitales de la Biblia).Hay que hacer un esfuerzo sistemático de educación en una ética de la actividad empresarial que hoy está ausente en los curriculums y cultura. Preocuparse en la niñez y jóvenes de la elite por sus valores de honestidad, laboriosidad, rigor, distancia del enriquecimiento fácil, del exitismo y exhibicionismo, de la ética en la relación con clientes y proveedores, etc. Hay que ocuparse de esto en las familias, en la educación básica y secundaria y en especial en las carreras universitarias más proclives al emprendimiento (ej: ingeniería comercial y civil). Debe existir en los gremios y en cada empresa normas de ética para todo su personal, con sanciones particularmente severas para quienes las transgreden y la obligación de informarlas cuando se las conoce (hay empresas con normativas escritas que deben estudiarse y recomendar desde los gremios). Asimismo, es de la supervivencia de la actividad empresarial rechazar las demandas de dudosa transparencia desde la política y por cierto, no hacerlas. Por otra parte, creo que se debe ser más restrictivo y cuidadoso en los aportes a la política, aunque se autorizaran. Debe por sobretodo, hacerse de un proyecto de futuro distinto al friedmaniano, ya agotado.

8) La empresa debe dialogar con la política de manera más amplia que ahora y no solo con los cercanos. La incomunicación le es fatal y no todos en la política, ni en la NM, son anti empresa. No basta con hablar de sus intereses como empresa o como actividad con las autoridades sectoriales,. Deben invitarlos a conocer su actividad. Hay que romper las incomunicaciones con los parlamentarios y autoridades de la región y comunas donde actúan. Deben conocer que son y como actúan las empresas. Uno de los rasgos perversos de esta relación incestuosa entre empresa y política para el financiamiento de la última, es que la política, muy extendidamente solo la ve como fuente de aportes, sea para sí como candidato, sea vía tributación para repartir más. Eso debe cambiar. Si los empresarios no comunican su verdad amplia y personalizadamente, la política arriesga pensar la empresa desde sus intereses cortos, desde la ignorancia y el prejuicio, desde esa fracción del país que recurre a ellos para pedir que intercedan por algo. Dialoguen con ella de lo bueno que hacen y del país. Muéstrenle sus empresas.

9) Abran sus empresas también en otro sentido, para que la nueva sociedad la sienta más suya. Diversifiquen socialmente sus ejecutivos y técnicos. Ya hay buenos de sectores distintos al barrio alto y a la UC. Los que han vivido en la burbuja tampoco entienden la nueva sociedad y ésta los siente ajenos. Necesitamos que aporten sus sensibilidades no solo los que provienen de clase alta.  No solo los que aspiran a las buenas posiciones de sus padres y ojalá mejores, sino también a los de primera generación en la universidad que son la esperanza de movilidad social de sus familias, que sienten  desigualdades desde si mismos. Estoy porque elijan y capaciten a los mejores pero les puedo asegurar que un cuerpo ejecutivo absolutamente ajeno al mundo emergente, por brillante que sea, será distante y ajeno a él. No será el mejor equipo aunque todos sean buenos. Les faltarán los códigos y sintonías con esa realidad social nueva que hoy gobierna Chile desde la sociedad.

10) Ese fenómeno central de la política que es la nueva clase media emergente, no esta radicalizada, aunque haya más radicalizados. Reclama más espacio social y económico en nuestra realidad y no un cambio de modelo. Valora el diálogo y no la confrontación. Es moderada, no exaltada. Critica menos  la empresa que a la política. Cree que sus logros, grandes por cierto, se deben más a ellos que a la política. Temen por sobretodo perder lo que les ha costado conseguir, por ende son sus amenazas el desempleo y la delincuencia. El objetivo es lograr que se convenzan que la empresa está de su lado y no en contra de ellos.

11) La ciudadanía quiere reformas que acojan sus anhelos. Toda la discusión sobre las reformas ha sido mentirosa. La discusión relevante no es entre los partidarios de las reformas y sus enemigos. Estos últimos son minoritarios. Es entre las reformas que la sociedad quiere y aquellas que la política le impuso. La empresa no debe asociarse con oposición a las reformas sino con reformas de sello ciudadano y responsable. Debe convencer que está con ellos y sus anhelos de tener un país que les da más espacios para progresar.

“Siempre el quehacer empresarial ha tenido una dimensión política. Pero la actual demanda política a la empresa cambió. La sociedad le demanda, además de sus productos o servicios, ética que a su juicio no ha demostrado tener y respuestas más propias de la política, entendida como la que se ocupa de los asuntos comunes a la “polis”. Es su desafío de hoy. A veces sin conciencia muy cabal, la empresa ha comenzado a asumirlo desde hace años. Ahora debe hacerlo consciente”.

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